Inicio de la sección del 11 de marzo

                

 Maximiliano Misael Saavedra 

 

 

-A modo de presentación

-Esperaré por ti 

-No te olvides del 11 en Madrid

-El mundo que soñamos 

-En silencio y con calma

-Quédate Lejos

 

A modo de presentación 

El mundo que soñamos es una selección de textos que escribí durante estos últimos oscuros meses de guerra y terrorismo en el mundo. En un tiempo en el que todo parece derrumbarse, donde todas las tragedias y las atrocidades imperialistas se han convertido en una maldita realidad cotidiana frente a la cual pareciera que no podemos hacer nada, este libro viene a levantar la bandera de la paz y a gritar ¡Basta Ya!. Creo firmemente que la única manera de parar este exterminio de la raza humana y esta intolerancia frente a lo distinto, es tener conciencia sobre lo que sucede y lo que ha sucedido. Refrescar la memoria aunque esta este cargada de sangre y muerte. No se llegará a la paz mientras se dejen víctimas en el camino. 

Buenos Aires/ Abril de 2004 Maximiliano Misael Saavedra voladorazul@hotmail.com

A Rzaca Patricia (siete meses de edad) y su padre Rzaca Wieslan ( 34 años de edad), asesinados en los atentados del 11-M. Yolanda aun espera alguna noticia de su hija y marido.

Esperaré por ti 

Yolanda: Aún sabiendo que esto es un sueño, y en cualquier momento despertaré, te escribo. Siempre olvido decirlo, es tan hermoso hablar con vos, sentarme a tu lado y que me llenes de paz el alma, ojalá lo sepas. Aunque no te vea, aunque este encerrado en este sueño, te siento tanto, te necesito tanto. Hay quienes dicen que la vida es mentira y que lo real se vive en sueños. Si esta teoría es cierta yo sería la excepción a la regla, pues nada ha cambiado para mí, este amor es tan grande que hasta aquí ha llegado. Y aunque ahora mismo podría estar volando en un cielo plateado con palomas azules o recostarme en un desierto de chocolate negro (amargo, con pasas y almendras), prefiero soñar de esta manera, soñar que estoy escribiéndote una carta de amor, al menos hasta que despierte, hasta que tu me digas que es hora de despertar y me llames, y me acaricies la espalda de esa manera y yo te cuente este extraño sueño que me ha hecho pensar que debo escribirte más seguido, contarte lo feliz que soy junto a ti. Lo que duele no es el tiempo, recién ahora me doy cuenta, lo que en realidad duele es la distancia, de aquí hasta allí, desde esta noche a la mañana, desde ahora, hoy, este día hasta aquel, allí, ahí, donde sea que estés, como estas aquí, junto a mi, cerca de mi aunque resulte difícil verte, se que estas aquí, recostada del lado derecho, encontrando mi respiración con tu respiración, tan dormida como yo lo estoy. O tal vez estés despierta, si, tal vez te hayas levantando para calmar el llanto de la pequeña Patricia, seguro estarás dándole el pecho (¿cuándo lo dejará?), susurrándole alguna canción de cuna para adormecerla ¿Por qué no acabará este sueño?, no creo haber tenido tanto cansancio por la noche... no sé, no recuerdo muy bien, es raro, seguro me estoy pasando, llegaré tarde al trabajo, ¿será domingo?, no, no puede ser domingo. A ver... el lunes ya pasó, eso seguro, martes también, y miércoles mucho más porque fue cuando fuimos hasta aquel sitio que tanto nos gusta, entonces es jueves. No, jueves no, recuerdo con claridad que el jueves... salimos corriendo porque ya era tarde y casi perdemos el tren, claro, como siempre, y nos reímos a carcajadas y con lagañas en los ojos, estábamos tan dormidos. Yo te contaba por vigésima vez que había quedado muy conmocionado al ver por televisión un documental sobre la guerra y el terrorismo, y que desde aquel día no podía borrar de mi cabeza esos fogonazos de explosiones, esas torres del 11 S, esas bombas sobre Bagdad, tantas vidas... tantos muertos, tantas ideas absolutas, tantos dioses dictadores, cuanto odio en las venas del mundo. Vos me decías que no te contara esas cosas, que te hacia daño ver tanta crueldad, que pensara en cosas bonitas, en la hija que tanto luchamos por tener, en la nueva patria que nos abrazaba como a sus propios hijos. Y yo te daba la razón porque era verdad, pero las explosiones seguían en mi cabeza, y yo trataba de huirles, te abrazaba, besaba a nuestra hija, sentía tu perfume... y algo más, también recuerdo un momento, un segundo en el que tu pelo caía por mi mano y yo me acercaba hasta tu boca, te besaba, me sonreías, apretaba tu mano y... algo paso, abriste muy grandes los ojos y apreté tu mano, luego quise llegar hasta ti, no pude, mis ojos se cerraron y fui cayendo, lentamente cayendo hacia... hacia aquí, todo se borro, todo desapareció. No sé cuanto tiempo me quedaré, solo sé que aquí estoy, aquí aparecí, sentado en un banco de estación, soñando que te escribo esta carta. Y al parecer no soy el único, hay otros soñando lo mismo, sentados o parados, escribiendo cartas. Aunque quisiera que ahora mismo estuvieras aquí, hay algo que me dice que este sueño es una prueba muy importante para mí y debo seguir solo, como todos los que aquí están, sé que entenderás. Dure lo que dure este sueño, al despertar te encontraré a ti. Mientras tanto ten fe y esperanza, todo saldrá bien. Yo seguiré pensando en ti, imaginándote en la cocina preparando el desayuno, riéndote de lo duro que soy para despertar. Yolanda, el día se oscurece y se encienden las luces, deberías ver esto, parecen frágiles velas, miles de velas se encienden en esta estación. No sé donde dejaré esta carta, no sé como haré, pero llegará, tal vez tarde, pero llegará. Y ahora llueve en este sueño, llueve como solo llueve en Madrid, como el llanto triste de un niño que ha perdido su juguete preferido, desencantado, un niño que llora por no entender. Yolanda, recuérdame despierto porque en esta estación, esperaré por ti.

No te olvides del 11 en Madrid

Cuando la inercia del destino te lleve hacia

adelante y creas haber encontrado la paz,

cuando te regocijes en la bañera y te

masajeés los pies de tanto caminar,

y tu cabeza esté cubierta con 

pararrayos de esta sociedad,

no te olvides del 11 en Madrid,

cuando sangraste por ellos y por ti...

 

 

Cuando te sobre uno para cien y

a tus Euros les brille una sonrisa,

cuando la resaca de un orgasmo

te haga pensar en la delicia de vivir,

cuando los periódicos no te recuerden

lo frágil de existir y la calle este deshabitada,

no te olvides del 11 en Madrid,

cuando pensaste que tu también podrías morir...

 

Cuando tu novia te diga que no hay 

nadie como tu, que tú eres lo mejor,

cuando te sientas un ser ejemplar por llegar puntual,

cuando te saques diez en Francés o veinte en Inglés, 

no te olvides del 11 en Madrid,

cuando los trenes estallaban dentro de ti,

no te olvides del 11 en Madrid,

cuando la vida no te pertenecía a ti...

 

Y cuando nadie lo recuerde

y la memoria esté dormida,

cuando los días transcurran

grises, azules, amarillos,

cuando pase otro invierno,

cuando pase otro tren,

tú no te olvides del 11 en Madrid,

cuando se inundaron las calles de humanidad,

cuando todos viajábamos allí

 

El mundo que soñamos

 

He aprendido a soñar otro mundo antes de dormir,

ese que no duele ni mata,

que alimenta y convida,

y cada noche es costumbre encontrarte en el mismo lugar,

refugiado como yo de la bomba asesina que rastrea la vida,

sin pensar en despertar,

olvidándote por unas horas que

un perro rabioso, vestido de traje azul,

pretende salvar al mundo con supuesta democracia y libertad,

un perro que anda clavando sus dientes

en los tobillos de la humanidad.

 

He aprendido a soñar otro mundo antes de dormir, 

y allí te encuentro cada noche, 

retrasando la despedida,

activando bombas de solidaridad masiva,

formando guerrillas de la poesía,

dejando mochilas cargadas de amor en cada estación,

sin miedo a vivir,

sin miedo a existir,

sin miedo a la vida.

 

He aprendido a soñar otro mundo antes de dormir

pero es inevitable que acabe por despertar,

y me atrape la tristeza, el desconsuelo,

la impotencia que nos derriba,

la indiferencia que nos divide.

Técnicamente vivos,

invulnerables a cualquier desgracia,

hombres sin manos, sin ojos, sin voz,

hombres que facilitan la invasión.

Aquella guerra, que no solo explota en el televisor,

acabará con tu paz,

buscará a tu familia, tu ideología, 

tu mundo y se convertirá en tu Dios.

 

He aprendido a soñar otro mundo antes de dormir,

y aunque apenas es una luz, una ilusión,

mis latidos resuenen con ganas de más,

allí te encuentro bien despierto,

atento, dispuesto a luchar, 

tarde o temprano, este mundo será real.

En silencio y con calma

 

Cuando esta noche regreses 

y no me encuentres,

desvístete en silencio y con calma.

No vayas a prender la luz

ni hables muy fuerte,

que nadie sepa la verdad,

que la muerte no se entere,

caerán lunas para aliviar tu soledad.

 

Suéltate el pelo con mis dedos,

acaricia tu cuello con mis manos,

trae la silla que dejé a un costado y

cuéntame con tus ojos lo que has pensado,

si te has cruzado conmigo en la ciudad

y por resentimiento no me has hablado,

si quieres tu serás la víctima y yo el villano,

pero antes deja que te diga que en el amor

no existen los malos ni ángeles sin pecados.

 

Y afuera nada deja de empeorar,

las bombas siguen explotando en Irak,

un muro se levanta en Israel,

los niños buscan padre en Afganistán.

Pero no preguntes mas, que ya debemos huir,

agotados los Mesías por resucitar,

el Mar Rojo no se abrirá.

 

Por eso,

sólo nos queda este amor sobrenatural

para escapar antes del amanecer, 

aunque luego de esta noche nos lean tratados,

nos pongan cadenas y nos hagan esclavos.

 

Así que, no perdamos tiempo y 

ayúdame a desabotonar tu alma,

quita el maquillaje de tu cara 

y el rímel oscuro de tus pestañas,

apoya tu cabeza en este fantasma,

aguanta el llanto hasta la mañana.

 

Mientras tanto, calentaré café para uno,

pasearé mi sombra por la casa y

buscaré hueco en tu cama.

En silencio y con calma,

trepará la guerra por nuestra ventana

 

Quédate Lejos

 

Aleja tus manos de plomo

y siéntate en tus sombras, sobre el suelo de tu conquista.

Disfruta ahora tus deseos, mira en qué te has convertido 

y lo que has hecho con mis pobres hermanos.

 

Tu poder se acabará en la mañana cuando ellos salgan

cantando de las tumbas y vuelen al cielo de la gloria.

Pero tú, hombre malo, codicioso y asesino, acostúmbrate

al calor de la tierra, en el fuego vivirás eternamente.

 

Arrepiéntete del ayer y del hoy,

porque mañana serás una hoja seca 

cuando el viento te arrastre por los campos.

Muy pronto tu poder acabará 

y el espíritu de libertad renacerá en los corazones.

 

Disfruta de tu última noche y la última guerra

con la que has tratado de engañarlos,

disfruta de esta última tempestad

en el mundo.

 

Mañana corre, huye de todo lugar conocido

porque cuando la lluvia escampe y el cielo se despeje

todos verán tu verdadero rostro de maldad

bajo la luz del sol.

 

Ahora acércate si quieres, 

esta noche seré el último de tus daños colaterales. 

Pero al amanecer, 

vendrán, todos vendrán para 

hacer justicia por ellos y por mí.

Salud y Memoria.

 

 

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