| Allende preparaba un plebiscito |
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El domingo 9 de septiembre de 1973, el Alto Mando de la Marina ya estaba informado de que Allende preparaba un discurso trascendental para el día 11. En Santiago, Salvador Allende trabajaba febrilmente contra el tiempo. Esa tarde fue al aeropuerto a esperar a su esposa. La señora Hortensia Bussi había viajado a México llevando personalmente ayuda para paliar los efectos de una grave catástrofe. Al retornar, la señora Tencha recuerda que notó a su esposo "muy tenso, irritable hasta en los detalles". Recordó en entrevista de Otto Boye para revista ANALISIS, lo que Allende le había dicho poco antes: "A mí me sacarán en pijama de madera de La Moneda, pero no voy a claudicar no voy a salir arrancando del país en un avión". Mientras Allende y su esposa se encontraban en el aeropuerto, alrededor de las cinco de la tarde, el general Gustavo Leigh caminó las tres cuadras que separaban su casa de la del general Augusto Pinochet, para conminarlo a derrocar el gobierno de Salvador Allende. Leigh recuerda: "Luego de escucharme, Pinochet empezó con elucubraciones, diciéndome: ´Mira, tú sabes que esto nos puede costar la vida...`. ¡Por supuesto!, le dije, pero aquí no queda otra que jugarse. El siguió especulando y vacilando. Nos interrumpió el timbre. Era un almirante que venía con una carta del almirante Merino. Llegó con la famosa carta donde Merino nos decía que no esperaba más y fijaba la fecha para el 11 a las seis de la mañana". Merino les pedía que firmaran el mensaje a modo de conformidad. Leigh relata: "Pinochet vaciló un poco buscando un timbre que quería colocar al lado de su firma". Allende, ajeno a esos propósitos, dedicó todos sus esfuerzos a preparar el discurso que haría en la Universidad Técnica del Estado la mañana del 11 de septiembre. Clodomiro Almeyda, Canciller de Allende, regresó de Argel el día 10 y de inmediato se trasladó a La Moneda para dar cuenta de su viaje al Presidente. En sus memorias recuerda: "Encontré al Presidente tranquilo y distendido, como si se hubiera sacado de encima un enorme y pesado fardo. A poco de escucharlo, comprendí la razón de su estado de ánimo. Había resuelto anunciar al día siguiente la realización de un plebiscito constitucional para dirimir los diferendos que mantenía el Gobierno con el Congreso y en seguida proceder en consecuencia teniendo en cuenta la opinión de la mayoría de los ciudadanos".
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